Buen Día 1/04/2019

Desde el minuto 21 ayer hablamos de los mensajes castrantes, de los mensajes que nos limitan.
Espero que sea de tu interés.
Muchas gracias por escucharme

Buen Día 18/02/2019

A partir del minuto 2.30 podrás escuchar el programa de hoy.
Hoy hemos hablado de la Capacidad de amar.
Espero que lo encuentres interesante ?❤??

Buen Día 26/12/2018

Este es el programa más impactante en el que he participado en la radio en más de año y medio. En él una persona con la que he trabajado ha querido tomar la iniciativa de contar en directo su experiencia vital.
Mi reconocimiento y agradecimiento a Mila por su coraje y valentía ????????
Desde el minuto 14:30 podrás escucharlo.
Feliz Navidad ???

Vale la pena entender quién te ha influido

No importa la edad que tengas, vale la pena entender las circunstancias que han influido en quien eres, en por qué haces lo que haces. No somos conscientes de la influencia que ha tenido en nosotros nuestros padres, nuestros hermanos, nuestro entorno. No se trata de juzgar, se trata sencillamente de entender. Entender para liberarse y para ser feliz. Por supuesto que en la vida no existe la perfección pero sí podemos y debemos ser razonablemente felices. No es difícil, solo tenemos que querer. Para mí Antonio ha sido un antes y un después. Porque entendí por qué me pasó lo que me pasó. Porque me quitó toda la culpa que tenía. Más de 35 años de sufrimiento en silencio para que, al contárselo, Antonio me liberara de mi sufrimiento en sólo 3 sesiones. Contarlo es sin duda el principio de la solución, contárselo a Antonio es la solución. Siempre le estaré inmensamente agradecida.

GRACIAS

Vivir en paz

Tras realizar 3 sesiones con Antonio, he experimentado una transformación «de un plumazo». Reconozco que he buscado en profesionales de la psicología, de libros, conferencias, videos online durante muchos años para aliviar mi sufrimiento y mis enganches emocionales tóxicos. El encuentro con él y su manera de llegar a lo más escondido y desconocido de mi personalidad y de mis vivencias ha supuesto mi auténtica sanación. He logrado cortar los enganches y dependencias emocionales (que eran uno tras otro).
Ahora soy capaz de relacionarme de manera sana y fluida. He rescatado y elevado mi autoestima con su ayuda y conocer que es verdaderamente la autoestima ha sido un salto brutal.

Antes de hacer la terapia, creía que me quería y me di cuenta, que haciendo lo que estaba haciendo con mis relaciones era justo lo contrario a quererme.

Se lo recomiendo a todo el mundo que quiera vivir en paz.

Mila

Tirar la toalla

Esta es una expresión que suelo utilizar para referirme a aquella persona que ha decidido que ya no puede o no quiere seguir “luchando” por un proyecto, por un anhelo, un modo de vida, el amor, la vida o los seres queridos.

Una persona que tira la toalla es aquella que tuvo la ilusión por algo, un logro personal o profesional y ante las dificultades por conseguirlo, ante los “fracasos” que no fueron contemplados como intentos, se vino abajo y abandonó el barco antes de saber si este podía o no llegar a buen puerto. Creo que hay dos expresiones que reflejan lo poco que estoy de acuerdo con esa vida “tirada”; una es “hasta el rabo todo es toro” y la aplico en positivo, es decir que desde los cuernos hasta el rabo hay un trecho que recorrer  y la otra es que “mientras hay vida, hay esperanza”. Sí, eso es lo que tiramos realmente, la esperanza de poder conseguir lo que legítimamente esperamos o merecemos. En estos casos también viene bien otra frase “el que la sigue la consigue” y es cierto, la persistencia muchas veces llega al objetivo.

Lo más triste de tirar la toalla es cuando se refiere a nuestra propia existencia como seres diseñados para vivir en pareja, en familia, en sociedad y, sobre todo, cuando se rechaza la opción de intentar conseguir activar una segunda o una tercera oportunidad. ¿Por qué no? ¿Por qué refugiarnos en el lamento, el alcohol y cualquier otro sucedáneo del placer del logro, antes que tratar de conseguir de nuevo lo que sabemos que más nos conviene? Es muy difícil que todo funcione bien siempre, no es imposible, pero la vida me ha demostrado que la infalibilidad no es infalible y que el riesgo de que un proyecto personal no cuaje es veraz y por eso ¿debemos resistirnos a no tratar de intentar una nueva oportunidad? Lo que somos, nuestra capacidad de vivir, de sentir, de amar, de querer ¿debemos arrinconarla en el desván y esperar a que las telarañas la deformen y la conviertan en irreconocible? Me niego a no pelear por vivir conforme a lo que somos y le animo a que haga lo mismo.

La dificultad más grande que se presenta en esta rendición es que la mayor parte de las veces no somos conscientes de que estamos rindiéndonos; no sabemos interpretar los signos que nosotros mismos generamos y, lamentablemente, son mucho mejores los demás, los que nos quieren, los que aprecian que estamos desaprovechando nuestras segundas oportunidades. Segundas porque las primeras, que fueron realidad, dejaron de serlo y no nos damos cuenta hasta que nos lo dicen o nos damos de bruces con la puñetera realidad. Los cuarenta ojos de nuestro entorno ven más que nuestro limitado par, lo que sucede es que nuestro par es el que, para bien o para mal, toma las decisiones. Y no hacer nada es la peor decisión que podemos tomar, la indecisión, el dejar pasar el tiempo, el total ya para qué, a mis años qué voy a tratar de conseguir… ¡¡Puff!! no podemos convertirnos en muertos vivientes, en seres que han decidido vegetar en el más puro y vegano sentido de la palabra. Somos sacos de emociones, necesitamos afectos, quereres, sentirnos vivos y eso sólo se consigue cuando vivimos la vida que nos apetece vivir, respetando los derechos de los demás, con quien nos apetece vivir y somos correspondidos.

En el ámbito profesional los basureros están llenos de proyectos que alguien decidió que ya no merecía la pena continuar y en muchos casos la pena fue no haber continuado. Hay quienes esperan a ver pasar el cadáver de su enemigo, pero hay muchos que lo que ven es pasar triunfante al que intentó lo que tú intentaste y no se dio por vencido, no tiró la toalla.

Derecho a cambiar

Una de las leyes de la asertividad dice que todos tenemos derecho a cambiar de opinión y yo digo que, con la ley en la mano, todos tenemos derecho a cambiar de vida, de sentido de vida, de amigos, de familia, de trabajo, de país, de ciudad, de pareja, de casa, de coche o de perfume. Podríamos pensar que, salvo los genes, podemos cambiar todo en nuestra existencia, pero ni eso es cierto; lo que sí que es cierto es que lo único que no podemos cambiar es la responsabilidad sobre nuestros hijos, más aún cuando dependen de nosotros. El resto es o puede ser mutable en función de nuestra propia evolución de vida.

Hay una máxima en economía y es que si un producto o un negocio funciona y funciona bien, no lo cambies; potencia que siga así, rindiendo en su máxima potencia. Si algún componente no funciona bien, cámbialo, haz una reforma, cambia la parte o las partes que no funcionan como debieran y si no funciona el conjunto, y la reparación no es posible, cambia la totalidad, porque cada día que pase vas a tener la sensación de que estás perdiendo la oportunidad de tener algo mejor. Si además hablamos de personas tenemos derecho a cambiar y a que nos cambien por otros mejores o más adecuados a los tiempos en que así lo sentimos.

Sí, tenemos el derecho a cambiar sobre todo cuando nosotros mismos, en nuestro interior, somos o nos sentimos diferentes de tiempos pasados. Es significativo que el cambio es una constante en nuestra vida pero lo rechazamos cuando es el otro el que cambia y nos sentimos excluidos o rechazados por ese cambio de la otra persona. Lo cierto es que no es un rechazo hacia el otro sino que tu progresión o tu evolución de vida ha tomado una dirección diferente del punto de partida que previamente se podía haber compartido.

En este escrito asocio cambio con evolución, en lo personal o en el ámbito profesional. Cambia, todo cambia, como cantara Mercedes Sosa y si tú cambias cambiarán tus modos, preferencias, entorno, ambiciones, quereres y todo lo que te motive a seguir viviendo o creciendo tendrá un componente nuevo, diferente. Por supuesto cambiar no significa, necesariamente, ir a mejor; sobre todo porque el concepto de mejor o peor es relativo, para cada uno de nosotros tiene unos matices, principios y/o exclusiones que hace que veamos ese cambio como evolución o como involución. Pero si tienes necesidad de cambiar debes hacerlo; permitir que la costumbre, la tradición, el qué dirán, los juicios de otros, las malas lenguas o los riesgos que se asumen, te impidan cambiar, no te lo perdonarás nunca en la vida. Más aún es posible que, al final, la necesidad de cambiar te empuje a hacerlo en tiempo y modo desafortunado; hay un tiempo para cada cosa y hay un tiempo para cada cambio.

 

La biología dice que el ser humano a partir de los 50 años se vuelve conservador, es decir que rechaza el cambio pues observa en él más riesgos que oportunidades de mejora. Jesucristo tenía 30 años cuando cambió el mundo. Alejado en el tiempo y en la influencia, los grandes cambios tecnológicos de este siglo han nacido de mentes treintañeras que han querido cambiar el marco de actuación, que han vislumbrado nuevas oportunidades y todos los que hubieran querido ser como ellos (ricos y famosos) les tildan de oportunistas, cuando tan sólo decidieron apostar por aquello en lo que creían, ni más ni menos.

Para terminar sólo señalar que el cambio por el cambio, sin sentido, puede convertirse en frivolidad o moda, pero que si sentimos la necesidad de cambiar entendamos porqué es y actuemos en consecuencia.

¿Cuál es su destino?

Una empresa, un proyecto, nace con un objetivo, con un deseo de logro y con una finalidad; si no existe esta motivación es muy difícil que consigamos resultado alguno de valor. Con las personas sucede exactamente lo mismo. Necesitamos un objetivo de vida, un destino, algo por lo que sentimos que vivimos.

No creo en el azar, sí en el libre albedrío y en la libertad, pero estoy convencido de que cada uno de nosotros tiene un propósito en la vida, un objetivo, algo por lo que luchar, disfrutar y sentir que nos llena o que nos completa a nosotros mismos. ¿Ha pensado alguna vez en cuál es su destino? ¿Qué propósito le mueve en esta vida? ¿Qué espera usted de usted mismo? Creo que cada uno de nosotros tiene un especial cometido en la vida y cuanto antes lo sepamos mejor sabremos encaminar nuestros esfuerzos y disfrutes en llegar a conseguirlo.

Quizá alguien pueda pensar en que me estoy refiriendo a grandes logros o hitos. No, nada que ver, aunque también pudiera ser, porqué no. Sólo pretendo que pensemos en aquello que nos mueve, aquello que tenemos la intuición de que forma parte de nuestro sentido de vida. El sentido puede ser muy diverso: Cuidar de unos hijos, sacar adelante una familia, crear un nuevo negocio o una empresa, conseguir ayudar a otras personas desinteresadamente, servir de faro para otros liderando proyectos políticos, económicos o sociales, incluso podemos ser el reflejo de lo que los demás no debieran nunca ser. Nuestro sentido también puede estar en abrir nuevas brechas por las que transiten otros, en cuidar la salud o fomentar el aprendizaje de otras personas; podemos tener el cometido de poner voz a personas que no tienen esa oportunidad. Hay tantos objetivos por conseguir para uno mismo y para los demás, son casi infinitos. Pero lo que más nos puede ayudar a potenciarles es conocerlos, conocer qué es lo que nos empuja vitalmente a seguir viviendo. Lamentablemente cuando no hay proyectos, como dijera Camilo José Cela, el sentido de vida se pierde y morimos a la vida o a nosotros mismos.

 

Sabemos que nuestro cerebro inconsciente determina el 95% de nuestros pensamientos, así es como, sin ser conscientes, se encarga de gobernar nuestras vidas. Inconscientemente cada uno de nosotros tiene un fin, un cometido. La magia está en saber obtener de él, del subconsciente, la respuesta a lo que somos o pretendemos ser para canalizarlo del mejor modo posible. En ocasiones, como los navegantes en el mar, necesitamos de los faros cercanos a la costa para saber orientarnos en la dirección de nuestro objetivo. La gran ventaja de conocerlo durante el camino vital (que hay que disfrutar en todo momento en su “ahora”), es que podremos ser conocedores de lo que queremos ser y hacer, antes de que llegue el capítulo final en el que, mirando hacia atrás, llegaremos a entender el sentido que tuvo nuestra vida.

 

A veces, el faro, pueden ser las personas que nos quieren, que están cerca de nosotros y que, dada su objetividad unida al cariño, les va a permitir atinar mejor que nosotros mismos en cuál es ese sentido de vida. Le animo a que le pregunte a esa o esas personas bienintencionadas para que le den su punto de vista. A algunos de ustedes les sorprenderá y a otros les confirmará sus propias expectativas sobre sí mismos. También es posible que haya alguien que tenga que cambiar de sentido o de dirección porque esté errado en lo que creía estar consiguiendo. En el fondo, el objetivo, es que cuando toquen nuestras campanas seamos capaces de sentir “mi vida, ha tenido sentido”. Amén.