
Nuestro estilo de vida ya no es el mismo que el de hace un año. El virus ha mutado nuestro modo de relacionarnos o de trabajar. El sentido de la vida es el cambio constante y la evolución surge como consecuencia de la superación de momentos difíciles. Salvo la muerte o las secuelas físicas, todo lo demás lo acabaremos superando. Ahora bien, muchas personas van a experimentar secuelas como consecuencia de estos meses intensos y transformadores. Secuelas que van a afectar a nuestros sentimientos, a las relaciones personales, a la autoestima y a las emociones que nos permiten vivir como seres humanos. Lo que incide en el cuerpo físico experimenta una respuesta inmediata del organismo (bajo el principio de acción-reacción); pero lo que afecta a nuestro estado mental-emocional, sus causas son acumulativas y sus efectos se empiezan a reflejar tiempo o mucho tiempo después (tal y como sucede con todo lo que vivimos en la infancia y que luego asoma en la madurez de la vida). En este sentido la ola que puede llegar a ser más devastadora es la emocional y, el simple hecho de desear que sea lo más inocua posible, no impide que sus daños sean los que se prevén. Hay decenas de estudios en toda Europa y en EEUU que ya han detectado repuntes destacables en afecciones serias como la ansiedad, la depresión y una pérdida importante de autoestima; todos ellos hijos del miedo y de la preocupación.
¿Cómo podemos afrontar esta ola? Con voluntad para aceptar el cambio, para emprender acciones que mitiguen el miedo y la inseguridad, con visión positiva (“se puede conseguir”), con ayuda de profesionales y expertos en el conocimiento del ser humano (ayuda que hay que pedir, no somos Superman) y con proyectos de futuro que nos ilusionen para seguir adelante, rompiendo la ola o, mejor aún, surfeándola.
Por unas razones u otras, millones de personas en nuestro país, vamos a tener que remar a contracorriente hasta que nos acostumbremos a que esa corriente pase a ser habitual. Tendremos que asentar nuevos hábitos, valoraremos en su justa y gran medida la relación social, humana, tierna, afectuosa. Otros deberemos ganarnos la vida con dedicaciones diferentes, reconvirtiendo nuestras capacidades, profesiones o negocios. Pero todos los que nos conjuremos y vacunemos, contra el virus y contra el pesimismo, saldremos adelante y dentro de unos años recordaremos estos tiempos, desde la perspectiva de una nueva estabilidad, valorando todo lo que fuimos capaces de conseguir.
Es tiempo de pensar, repensar, sentir, emocionarse, valorar lo que tenemos (dentro de lo que somos), sentirnos valiosos, disfrutar de los pequeños/grandes momentos, remar con energía y dejarnos ayudar cuando así sea preciso. Es tiempo de unión, de colaboración y de ilusión por progresar y salir adelante hasta que pasemos de la ola, al “hola, qué tal estás”.

