
Desde el ecuador del verano me quiero plantear a mí mismo una serie de reflexiones, lo más refrescantes posibles, para activar mi cuerpo y mi mente de cara al próximo mes de septiembre.
En este sentido quiero compartir contigo estos pensamientos, por si fueran de tu interés. Lo que me planteo es lo siguiente: ¿cómo voy a afrontar el final de año? Termina el verano, he podido disfrutar de unas vacaciones y ahora necesito prepararme para el futuro inmediato, visionando el final de año y cómo quiero trabajar mi mente, mis emociones, mis sentimientos, como quiero planificar mi tiempo y mi predisposición para cerrar un buen año en todos los sentidos posibles.
En primer lugar está mi cuerpo, tengo que cuidarlo un poco más, ¿quizá en las vacaciones ha habido determinados excesos que tengo que corregir?; ¿El soporte de mi mente está fuerte? ¿Tengo que actualizarlo o resetearlo? ¿Considero que está en buenas condiciones o debiera activar alguna medida para que siga siendo útil al conjunto de mi personalidad? En segundo lugar, mi mente, mis emociones, ¿cómo me siento conmigo mismo? ¿Me siento con energía? ¿Me siento querido y tengo la oportunidad de querer a la vez? ¿Quiero con toda la intensidad de la que soy capaz? ¿No hay ningún tipo de nube en mi estado emocional que me impida sentir cierta plenitud?, ¿Tengo que entrenar mi mente para ser más ágil, más eficiente, estar más capacitada para los retos que van a venir en este otoño próximo?, ¿Cómo podría sanear mi mente, mi estado anímico, para sentirme pleno?, ¿Qué tendría que pasar y, sobre todo, qué tendría que hacer para poderlo conseguir?, ¿Hay algún reto intelectual o emocional que deba superar?, ¿Cómo están las relaciones con mi familia más próxima y sobre todo con mi pareja? ¿Me siento como si estuviera más unido que nunca a ella? Porque eso es lo que debo de sentir. ¿Qué necesito aprender o reaprender?, ¿Qué destrezas, habilidades, conocimientos o cambios actitudinales necesito mejorar para seguir progresando en mi vida personal y profesional? Y, mi cerebro, mi cerebro primitivo, el que se supone que siente los miedos, las angustias, la ansiedad, el deseo incontrolado… ¿cómo está?, ¿Debo estar alerta con él o lo tengo bien controlado? Finalmente, mis proyectos, ¿qué proyectos personales y profesionales tengo en mente?, ¿Los tengo escritos, necesito escribirlos o simplemente estoy trabajando en ellos y lo único que debo hacer es continuarles? ¿Debo sentir y experimentar en el conjunto de mí mismo si estoy preparado listo y dispuesto para que en el momento en que comience la carrera me sienta cómodo, fuerte, energético y con ganas? Porque el resultado de la misma va a depender de todo ello; al final mi objetivo es el de vivir una vida en plenitud, no con planitud, lo plano es aburrido, es fácil, es cómodo, no tiene ningún interés; lo plano es una continuidad hasta el infinito y más allá en la que, simplemente, no hacemos nada por cambiar, por evolucionar. La plenitud implica crecimiento, para eso estamos aquí, para eso vivimos para crecer y evolucionar.
Estas son mis reflexiones, que he compartido contigo y que espero te resulten de utilidad, tanto para ti como lo están siendo para mí.
Que sigamos teniendo un buen verano, que carguemos bien las pilas para afrontar, y nunca enfrentar, el tiempo que tenemos por delante. ¡Buen verano!

