El poder del inconsciente: Por qué hacemos lo que hacemos

El poder del inconsciente: Por qué hacemos lo que hacemos

En este domingo de descanso, de piscina, de series (Sherlock me está encantando) y de gimnasio, hoy tocaba libro importante: ‘¿Por qué hacemos lo que hacemos?’ (Before you know it. The unconscious reasons to do what you do), por John Bargh, considerada la máxima figura en los estudios sobre el inconsciente. Publicado el año pasado en los EE UU, la versión en castellano es de junio de 2018. A sus 63 años, este psicólogo social nacido en Illinois dirige en Yale el ACME (siglas que nos recuerdan al Correcaminos y al Coyote, y que en New Haven significan Automaticidad en Cognición, Motivación y Evaluación). En unas 450 páginas, diez capítulos sobre el impacto del inconsciente en el pasado, el presente y el futuro. Si la inteligencia ejecutiva (el “piso de arriba” como diría José Antonio Marina) está determinada por el consciente, la inteligencia computacional (el de abajo) es propio del inconsciente. La proporción entre uno y otro se estima en un millón a uno.

El profesor Bargh conecta su pasión por la psicología con la música de Led Zepellin (grupo británico de hard rock fundado en 1968 por el guitarrista Jimmy Page, que tocó hasta 1980): “Sabemos lo que no sabemos”. Y es que la mente conecta simultáneamente entre pasado, presente y futuro (Einstein nos enseñó que son meras ilusiones). En uno de sus primeros temas, la banda cantaba: “He estado aturdido y confuso tanto tiempo”.

A. El pasado oculto

  1. El pasado está siempre presente. “Hay cierta conexión entre la sensación de seguridad y las actitudes políticas” (es el efecto del miedo en el cambio social, que han proclamado desde Roosevelt hasta Obama). “Nuestro mandato biológico de reproducción se manifiesta de formas sorprendentes”, como la relación entre el atractivo y la empleabilidad.
  2.  Requiere montaje. “La sensación entre sensaciones físicas y relaciones sociales” (una madre fría, una cálida relación entre amigos). La frialdad social activa los mismos centros cerebrales que la frialdad física (Dante colocó a los traicioneros en el último infierno). Es el “apego” (attachment) de John Bowlby. “Tenemos preferencia por nuestra lengua nativa sobre otras, incluso antes de hablar”, porque preferimos los estímulos familiares (Zajonc, 1968). “Nuestra cultura representa el tercer canal por el que nuestro pasado oculto sigue influyéndonos en el presente”.
  3. El primado. “Los efectos del priming son naturales y automáticos” (como oler canela e ir a por un “cinnamon roll”). Lo mismo ocurre con la ética puritana o los valores americanos, con los estereotipos culturales (“efecto Pigmalion” de Rosenthal), con el género. “¡No prestéis atención al hombre tras el telón!” (El Mago de Oz)
  4. La estela de la vida. A través de los zombis y ‘La noche de los muertos vivientes’, Bargh nos introduce en el concepto de “efecto residual” de una situación en la siguiente (Dutton y Aaron, 1974). Por ejemplo, ver una película como ‘La chica de la motocicleta’ (las aventuras eróticas de Marianne Fatihful) y estar activados sexualmente. Otro ejemplo es el “calentamiento global”, del que se habla más o menos en función del clima del momento (Schwartz y Clore, 1983).  Y el “heurístico de disponibilidad” (Kahneman y Tversky): la facilidad con la que algo llega a la mente (Angelina Jolie más que Angelina Dorfman, por ejemplo). Nuestros cambios los consideramos cambios en el mundo (Eibach, Labby y Gilovic, de Cornell, 2003). “Efecto de dotación” (también de Kahneman): damos más valor a un objeto si no poseemos que al mismo si no” (eso nos hace malos negociantes).

B. El presente oculto.

  1. ¿Should I stay or should I go? (¿Me voy o me quedo?). Charles Osgood (Illinois, años 60) pedía valorar “objetos actitudinales”: todo se reduce a EPA, Evaluación (bueno o malo), Potencia (fuerte o débil) y Actividad (activo o pasivo). Robert Zajonc demostró en 1980 que no era consciente sino inconsciente. Fazzio (986) demostró que algunas actitudes predicen el comportamiento, pero no todas. Lo mismo que con los objetos ocurre con las personas. “Importancia del nombre”. “El aspecto físico puede engañar” (los músculos de la cara son los únicos del cuerpo humano que conectan directamente hueso con piel): saber quién es amistoso puede ser un seguro de vida (Tobby y Cosmide). “Nuestros rostros determina el tratamiento que recibimos de la sociedad” (Leslie Zebrowitz, Brandeis). Sentimientos de “nosotros contra ellos”.
  2. Cuándo fiarnos de nuestra intuición. Ocho reglas: 1. Hay que completar el impulso intuitivo con al menos un poquito de reflexión consciente, si hay tiempo para ello. 2. Si no tienes tiempo para pensarlo, no corras grandes riesgos por pequeñas ganancias basándote sólo en tus impulsos e intuiciones. 3. Cuando te enfrentes a decisiones complejas en las que intervienen muchos factores, y sobre todo cuando no cuentes con medidas objetivas (datos fiables) de esos factores importantes, tómate en serio tu intuición. 4. Para saber cuándo confiar en tus instintos, ten cuidado con lo que deseas. 5. Cuando nuestra inicial reacción visceral ante una persona de otra raza sea negativa, deberíamos reprimirla. 6. No deberíamos confiar en nuestra valoraciones de los demás, basadas sólo en sus rostros o en fotografías hasta que no hayamos tenido alguna interacción con ellos. 7. Puedes confiar en tu instintos con respecto a otrs personas sólo después de verlas en acción. 8. Está muy bien que el atractivo sea una parte de la ecuación romántica, pero no debería ser el único factor, ni siquiera el más importante.
  3. Lo que vemos es lo que hacemos. “Nuestras representaciones mentales de conceptos como la amabilidad o la grosería,la agresividad o las drogas, se activan por nuestra percepción directa de comportamientos sociales y emociones, que son contagiosos” (efecto camaleón). “síndrome de dependencia ambiental”. Es la naturaleza mimética de nuestra mente.

C. El futuro oculto.

  1. Cuidado con los deseos. “Nuestras gafas son del color de las metas”. Cuando activamos el establecimiento de objetivos y el alto rendimiento, podemos saltarnos las reglas (George Loewenstein, Carnegie-Mellon University). “la percepción de recompensa activa los centros del cerebro relacionados con ella, tanto si es consciente de la misma como si no” (Pessiglione y Frith, College University de Londres). La publicidad subliminal sí puede influir en nuestras motivaciones y conducta, sólo si ya tenemos esa motivación. Mazard (2008) ha examinado los efectos de la deshonestidad (depende de la cuantía de la recompensa). Las metas afectan a lo que pensamos sobre los amigos y personas cercanas, a nuestras acciones (estudio del Buen Samaritano, John Darley y Daniel Batson, Princeton, 1973). El poder es un poderoso afrodisiaco (dependiendo, una vez mas, de sus propias metas). “Lo que deseamos, nuestros futuros deseados, a corto y largo plazo, tienen considerables efectos, en gran parte ocultos, en nuestras mentes y conductas”.
  2. El inconsciente nunca duerme. La solución a los problemas suele darse por una súbita iluminación, impredecible (Janet Metcalfe, Universidad de Columbia). La calidad del sueño es determinante (Fitche, 2001). Erick Klinger: de día (16 h/24) tenemos unos 4.000 segmentos discretos  de pensamiento, de un tema a otro (la mitad del tiempo, distriados). “cuando nos distraemos, las divagaciones están siendo dirigidas”. los sueños nos envían mensajes sobre nuestras metas y preocupaciones. “Como regla general, la inquietud mental puede medirse por el número de promesas que aún no hemos cumplido” (Norman Mailer).
  3. El control de la mente. Controlar los impulsos es más fácil para ciertas personas que para otras. ¿Tenemos libre albedrío? 1. Los pensamientos conscientes importan, pero el libre albedrío no es tan completo ni tan poderoso como solíamos creer. 2. Reconocer que no tenemos absoluto libre albedrío, cotrol completo, aumenta nuestro libre albedrío y el control que de verdad podemos ejercer. 3. El autocontrol más efectivo no se ejerce a través de la fuerza de voluntad y el esfuerzo contra conductas no deseadas, sin encauzando el inconsciente para que lo haga con más facilidad. “Cumple con tus intenciones”. A corto plazo, “intenciones de implantación” (Peter Gollwitzer); a largo plazo, estableciendo buenos hábitos (l@s coaches lo sabemos bien). Dos métodos de autocontrol más efectivos que la consciencia. Ni Skinner ni Freud se equivocaban del todo (hay un poder del entorno sobre la conducta). La razón primordial por las que no hacemos las buenas intenciones es que se nos olvidan (es bueno que alguien te ayude a recordarlas). “Los que reprimen el deseo es porque su deseo es lo bastante débil para ser reprimido” (William Blake).

Conclusión: tu eres el/la DJ de tu vida. “Los procesos mentales conscientes e inconscientes son hábiles en distintos hábitos”. John Bargh fue Disc Jockey en una cadena de radio mientras estudiaba psicología. Con este libro nos propone que seamos DJs de nuestra propia mente y ejerzamos mejor control sobre la banda sonora de nuestras vidas.

Gran libro. Para John Gottman, el libro de psicología más emocionante y trascendental que se ha escrito en los últimos 20 años. Una bibliografía con 363 textos y 19 páginas de notas. John Bargh está citado más de 4.000 veces en GoogleScholar y en 2014 recibió el Premio a la Contribución Científica de la Asociación Americana de Psicología.

«Adelante: tienes derecho a equivocarte»

Emprender es probar, y fallar es una parte intrínseca del proceso.Este es el punto de partida que Tom Byers enseña a sus alumnos, aunque puntualiza que el trabajo en equipo y escuchar a los clientes son los otros ingredientes para alcanzar el éxito empresarial. Byers está especializado en la formación e impulso de nuevos proyectos tecnológicos y de alto potencial y ha trabajado durante muchos años en la Meca de la innovación: Silicon Valley.

Tom Byers sabe muy bien qué implica poner en marcha una nueva empresa. Lleva años enseñando cómo hacerlo, tanto en la Universidad de Stanford como en otros centros docentes de varios países, y afirma que «aceptar el fracaso es fundamental para alcanzar el éxito». Byers está especializado en la formación e impulso de nuevos proyectos tecnológicos y de alto potencial y ha trabajado durante muchos años en la Meca de la innovación: Silicon Valley. Por eso le extraña que la equivocación se penalice tanto social y empresarialmente.

«Emprender es experimentar y, por tanto, prueba y error son una parte del proceso de aprendizaje y consolidación», dice Byers, quien puntualiza que se puede aprender mucho de un fracaso siempre que se haga con un comportamiento ético. Esto quiere decir que si un proyecto ha resultado fallido, los responsables deben asumirlo y comunicarlo a las partes involucradas con honradez, franqueza y dentro de la legalidad.

De esta forma, los emprendedores no perderán credibilidad ante proveedores, inversores y clienets y se volverá a confiar en ellos. «El verdadero fracaso es engañar a los demás», afirma el profesor de Stanford.

Un valle llamado Silicon
Este entorno de confianza es una de las características de Silicon Valley. «Lo especial de este lugar es cómo lo percibe el resto del mundo y esa imagen es la de un lugar en el que se han hecho muchas y grandes cosas precisamente por confiar en la oportunidad. Se desmitifica el fracaso hasta el punto de que se pide a la gente que hable sin tapujos de sus errores y se les dice que tienen derecho a equivocarse», comenta Byers.»Este lugar de California no es el único en el que se innova, pero se diferencia de otros porque reúne muchos ejemplos, dispone de grandes infraestructuras, redes de contactos y talento», matiza.

Sin embargo Byers, que vino a España invitado por el proyecto Banespyme impulsado por Fundación Banesto, Orange e IE Business School para fomentar el espíritu emprendedor, explica que no es la tierra de Jauja: «Para emprender e invertir allí hay que tener un buen proyecto, entender y dominar el área de trabajo y tener capacidad de reacción y flexibilidad para solventar los problemas».

«Emprender es experimentar y, por tanto, prueba y error son una parte del proceso de aprendizaje y consolidación»

Sobre el eterno debate acerca de si es más importarte tener una buena idea o saber cómo ponerla en práctica y valor, el experto en emprendedores considera que probablemente es muy importante que el negocio sea necesario; sin embargo, por su experiencia en el campo de la innovación y la tecnología, apuesta por las oportunidades que brinda un proyecto con potencial. «En el caso de que se quiera poner en marcha una empresa tecnológica hay que tener en cuenta que lo más importante es identificar un nicho con perspectivas de crecimiento y después reunir talento y financiación para dirigir un rápido crecimiento en el que la destreza para tomar decisiones en tiempo real es clave».

En cuanto a las habilidades del nuevo empresario, Byers cree que la pasión es imprescindible. Sin embargo, recuerda que para alcanzar las metas el trabajo debe ser en equipo. «Unos colaboradores con talento y comprometidos, junto con un liderazgo flexible pueden guiar a la empresa por el camino del éxito», dice.

Contratar el mejor talento está estrechamente vinculado con los recursos económicos. Por tanto, la liquidez es un recurso crítico para cualquier emprendedor. «Existen todo tipo de fuentes de financiación y todas ofrecen ventajas e inconvenientes. Lo que no hay que olvidar es que es una materia que no puede ir mal, ni siquiera por un corto periodo de tiempo. En su gestión se ve la diferencia entre los buenos emprendedores y los mediocres: los buenos son siempre muy prudentes con su capital y esto les da flexibilidad para reaccionar a tiempo ante cualquier imprevisto».

El poder del cliente
Byers explica también que muchas veces los nuevos emprendedores tienden a buscar socios como fuente de financiación, convencidos de que, de esta forma, conseguirán que la empresa tenga un buen crecimiento. Sin embargo, no es así: tener importantes y fuertes inversores no asegura el éxito. La trayectoria y consolidación de un nuevo negocio depende más de los clientes. Es cierto que esto no es nada nuevo pero, a pesar de ello, siempre se olvida. «Los socios sólo pueden imaginarse hacia dónde irá el negocio, pero los clientes son los que modulan el producto y el proyecto. Yo mismo lo experimenté cuando trabajaba en Symantec. Nos dedicábamos a diseñar herramientas de inteligencia artificial; sin embargo, tras escuchar los comentarios de los usuarios que nos decían que sus ordenadores se estropeaban por los virus, centramos parte de nuestro producto en crear antivirus y el resultado fue estupendo», recuerda.

Sobre los sectores con mayores oportunidades, el profesor de Stanford explica que «allá donde hay un gran problema, habrá un gran mercado. A nivel mundial la revolución está ligada a los problemas que sufre y puede sufrir la Tierra. Las nuevas oportunidades no están sólo relacionadas con aspectos de crecimiento sostenible, sino también con asuntos de sanidad a escala global. Por tanto, negocios relacionados con el abastecimiento de agua y la producción y envío de comida serán un mercado prometedor».

 

Fuente: https://www.expansion.com/2010/10/22/empleo/mercado-laboral/1287749207.html

Joe Dispenza, doctor en Quiropráctica, bioquímico y neurocientífico

«Si quieres otra realidad, debes convertirte en otra persona»

La ley del cambio

Nuestra personalidad y nuestra realidad se han construido según cómo pensamos, actuamos y sentimos. Con mucha disciplina, entrando a diario en nuestro cerebro, podemos, según Dispenza, crear nuestra realidad. En su último libro, Deja de ser tú (Urano), explica cómo y propone un aprendizaje de cuatro semanas. Quiropráctico con una vida de película, tuvo una lesión que le hizo replantearse las capacidades de nuestro cerebro y se convirtió en bioquímico y neurocientífico. «Primero investigué las remisiones espontáneas de enfermedades y analicé qué tenían en común las personas que lo conseguían. Luego decidí reproducirlo, y todo lo que es reproducible se convierte en una ley».

Lleva años defendiendo que podemos llegar a controlar nuestra mente y la realidad.
La mente determina la experiencia exterior, porque todo se reduce a campos de energía, de modo que nuestro pensamiento altera constantemente nuestra realidad. Es posible cambiar circunstancias de la realidad si sabemos cómo.

Pues debo de ser muy torpe.
Si sostiene los mismos pensamientos, si lleva a cabo las mismas acciones y vive con los mismos sentimientos y emociones, su cerebro y su cuerpo seguirán igual; pero cada vez que aprende algo establece nuevas conexiones que cambian físicamente su cerebro.

Nos pasamos la vida aprendiendo.
No todos. Aun así, aprender no es suficiente. Has de aplicar lo que aprendes, y cuando empiezas a experimentar las emociones de esa experiencia, entonces literalmente das nuevas señales a tus neuronas y creas nuevas sinapsis: a eso se le llama evolución.

Si fuera tan sencillo…
Siempre estamos creando un futuro, lo que pasa es que solemos crear el mismo, reafirmamos nuestra personalidad. Vivimos dirigidos por una serie de pensamientos, conductas y reacciones emocionales memorizados (temor, culpabilidad, falta de autoestima, enfado, prejuicios…) que son muy adictivos y que funcionan como programas informáticos instalados en el subconsciente.

¿Dónde está el cambio?
En ser más grande que las circunstancias de tu vida. O somos las víctimas de nuestra realidad o los creadores.

Suena a autoayuda.
Si analizamos grandes personajes de nuestra historia, vemos que todos ellos pensaron e imaginaron un futuro el suficiente número de veces como para que su cerebro cambiara literalmente, hasta el punto de que sentían esa experiencia deseada como si ya hubiera sucedido.

Primero crearon el cambio en ellos.
Cambiar significa ir más allá del entorno, el cuerpo y el tiempo. Podemos hacer que el pensamiento sea más real que cualquier otra cosa, y lo hacemos a diario: si estamos conduciendo por una carretera pero concentrados en nuestro pensamiento, no vemos la carretera, no sentimos nuestro cuerpo y no sabemos cuánto tiempo ha pasado. Ese estado es el que utilizamos para crear.

Absortos en la emoción.
Pero la mayoría de las personas están pensando en sus problemas en lugar de pensar en las posibilidades.

Pero pensar en algo no lo hace real.
Una vez tenemos una visión, nuestro comportamiento debe responder a las intenciones. La mente y el cuerpo deben trabajar juntos. Tenemos que escoger de manera distinta de como hemos escogido para que pueda suceder algo nuevo. Si quiere crear una nueva realidad personal, tiene que, literalmente, convertirse en otra persona.

¿Cómo?
Mediante un programa de meditación desligada de misticismos que pretende que el cerebro y el cuerpo no respondan de forma predecible. Se trata de que se convierta en una habilidad, de abrir la puerta del sistema operativo, de todos esos programas subconscientes donde realmente ocurre el cambio.

Pongamos, por ejemplo, la ansiedad…
El escáner de alguien con ansiedad o con depresión es el mismo: el cerebro empieza a segregar química como si eso que teme la persona estuviera sucediendo, y con el tiempo esa química se convierte en adictiva.

¿Cómo salir del bucle?
Meditación significa familiarizarse con. Si haces conscientes tus pensamientos y tus hábitos automáticos y observas las emociones, empiezas a objetivizar tu mente subconsciente. Si te familiarizas con los aspectos de ti mismo que crean la ansiedad (o lo que quieras cambiar), durante la vigilia observarás cuándo empiezas a sentirte de esa manera y serás capaz de cambiarlo.

¿Y a partir de ahí?
… Si decides quién quieres ser, cuál es el gran ideal de ti mismo, qué pensamientos quieres tener, qué conductas quieres demostrar, qué emociones quieres experimentar; si te recuerdas cada día quién ya no quieres ser y quién quieres ser y empiezas a pensar en nuevas formas de ser, cuanto más pienses en ello y más lo planifiques, más estás instalando los circuitos en el cerebro.

Cuanto más te observes a ti mismo, menos serás tú mismo.
Exacto. Si podemos enseñar al cuerpo a confiar en el futuro y vivir en la alegría, creamos nuevas conexiones. Una atención clara y una emoción elevada cambian el destino. Pero requiere disciplina. El simple pensamiento positivo no funciona, porque la negatividad está instalada en el subconsciente. Los cambios verdaderos consisten en ser consciente de tus reacciones inconscientes.

¿Y qué dicen sus colegas?, ¿le tratan de esotérico, chiflado…?
Hay una división intelectual: tengo colegas que defienden teorías similares a las mías y somos tan científicos como los que defienden modelos más convencionales. Pero yo propongo que se pruebe y se juzgue.

Tengo 50 años. Nací en Nueva Jersey y vivo en las afueras de Seattle. Casado, tres hijos. Me especialicé en cardiopatía e imagen cerebral. Soy profesor en la Universidad de Atlanta. Creo que tenemos capacidad de crear nuestra vida y que a través de nosotros se expresa lo divino.

Viaje al centro de la mente

‘Del revés’, la última película de Pixar muestra de forma elocuente que las emociones son la brújula de nuestro comportamiento

Hay algo extraordinario en la última película de Pixar, Del revés, algo que ha arrastrado a millones de espectadores del planeta a las salas de cine y que hace salir de ellas a muchos niños con la impresión de haber visto una narración nueva y reveladora. Pero no es fácil saber qué es. Superficialmente se trata de una historia ya vista, o de la suma de varias historias ya vistas, entre ellas el Viaje fantástico de Isaac Asimov, donde una tripulación miniaturizada se introducía en el flujo sanguíneo de un paciente y tenía que esquivar a sus glóbulos blancos, y desde luego a la Alicia de Lewis Carroll, que también estaba viajando, de un modo más alegórico, por la mente de una niña. ¿Qué es lo extraordinario, entonces?

Es habitual presentar los orígenes de la física moderna –Copérnico, Kepler, Galileo y las ascuas de Giordano Bruno— como un conflicto contra la superstición y el dogma religioso, pero la neurociencia actual está librando una batalla épica contra inercias mucho más poderosas, contra unas resistencias que no están escritas en ningún texto sagrado, sino incorporadas de serie en cada uno de nosotros, y que por tanto son tan viejas como la especie misma. Nuestra consciencia, ese hilo narrativo único, lineal y movido por la razón y el libre albedrío que todos experimentamos cada minuto de nuestras vidas, es un engaño aún mayor que todos los delirios de los chamanes. Y esa es la religión que la ciencia necesita derribar ahora.

Un siglo de neurología ha demostrado más allá de toda duda razonable que la mente humana es el resultado de la actividad frenética de cientos o miles de procesadores especializados y localizados en regiones concretas del cerebro. Por eso las lesiones locales, producidas por un accidente, un ictus o un tumor cerebral tienen unos efectos tan asombrosos: pueden eliminar no solo la zona izquierda del campo visual, sino también la de su recuerdo, o destruir la empatía, la aritmética o la capacidad para formar frases sintácticamente correctas sin tocar nada de lo demás.

Tal vez la evidencia más chocante y contraria a la intuición sea el resultado de la separación quirúrgica de los dos hemisferios cerebrales, que se ha usado a menudo para aliviar los casos más graves de epilepsia. Los pacientes parecen por completo normales después de esa operación, pero basta someterles a unas simples pruebas de psicología experimental —donde un tabique separa su campo visual derecho del izquierdo, por ejemplo— para darse cuenta de que en realidad ¡se han convertido en ‘dos personas distintas’!

El director se ha metido en un berenjenal considerable y en ocasiones sus metáforas resultan farragosas

Como el lenguaje está situado en el hemisferio izquierdo, una de esas personas sabe hablar y la otra no. Peor aún: el hilo conductor de la consciencia, el ‘narrador’ de nuestra vida, también está situado en el hemisferio izquierdo. La otra persona (la persona derecha) pierde el hilo por completo. Los detalles son fascinantes y pueden leerse en un libro recién aparecido del gran neurólogo Michael Gazzaniga, Relatos desde los dos lados del cerebro (Paidós), que recomiendo con vehemencia a toda persona interesada en las paradojas de la mente humana.

Entre todos esos diablillos que constituyen nuestra mente, Pete Docter, el escritor y director de Del revés, ha elegido centrarse en las emociones, y lo ha hecho de una manera muy efectiva: caracterizándolas como personajes antropomorfos. Dentro de la mente de Riley, la niña protagonista, moran la alegría, la tristeza, el miedo, la ira y el asco, y allí discuten y pelean, observan el mundo externo y reaccionan a él, y de un modo u otro guían el comportamiento de Riley. Sin que ella sepa nada de eso, naturalmente.

En la sociedad tradicional, y en el pensamiento convencional, las emociones suelen tener muy mala prensa. Lo que está mal visto no ya es mostrar las emociones, sino el mero hecho de tenerlas, dejarse llevar por los instintos animales y así carecer de la voluntad necesaria para reprimirlos, no ser más que un pelele, la tercera división de la liga biológica o filosófica. Pero esto no es más que un error fatal.

Sin dolor no hay forma de protegerse del daño, sin alegría no hay por qué levantarse de la cama, la incapacidad para sentir el miedo, la ira o el asco nos convierte en zombies, robots de carne que parecen humanos pero que no son sino su sombra en la pared, máquinas diseñadas para persuadir al incauto de su naturaleza racional. Las emociones son la brújula de nuestro comportamiento. Los estudios que abordas, las ideologías que sigues y el trabajo que definirá tu biografía son una secreción directa de tus emociones sobre la que no tienes ningún control. Quizá por fortuna.

Deje que su hija vea el filme: crecerá con menos prejuicios que usted sobre la neurociencia

Eso es lo que muestra la película de una forma elocuente. Eso es lo extraordinario de esa historia aparentemente convencional.

Docter, naturalmente, ha buscado el asesoramiento de psicólogos solventes para construir su historia, aunque luego les ha hecho el caso que ha considerado oportuno. Ha hecho bien, porque el cerebro humano es una maquinaria demasiado enrevesada para representarla en una pantalla de cine, y lo seguirá siendo mientras no lo entendamos más a fondo. Con todo, es obvio que el director se ha metido en un berenjenal considerable, y en ocasiones sus metáforas resultan algo farragosas y difíciles de seguir.

Pero sale airoso en su principal propósito, que era explicar lo que le ocurre a una niña en esa edad difícil de la preadolescencia. Las cosas dejan de ser alegres o tristes, terroríficas o irritantes, y empiezan a adoptar una naturaleza combinada y compleja, matizada y relativa, en paralelo con la maduración de la protagonista. La vida misma.

No tiene usted por qué ver la película. Pero deje al menos que la vea su hija: crecerá con menos prejuicios que usted sobre las revelaciones de la neurociencia.

Seis señales de que estás siendo víctima de una persona «tóxica»

Y las técnicas más certeras para neutralizar sus manipulaciones

En apariencia, son personas normales. Con sus dos piernas y sus dos brazos. Visten como usted, caminan erguidos. Duermen, comen. Pero algo tienen. Es difícil determinar qué exactamente, pero sobre ellos planea una suerte de nube negra invisible. Se mueven con soltura entre las sombras, el desánimo, el sentimiento de culpa y la manipulación. Una delicia. Pero ahí están, disfrazados de compañeros de trabajo o, incluso, de amigos, dispuestos a succionar su alegría contagiándole sus penas. Llegando incluso a hacerle dudar de si será cosa suya; si realmente usted será el iluso, el sin sustancia. Son las personas «tóxicas».

«En ocasiones, creemos que este tipo de perfil es inusual, pero las estadísticas apuntan a que 1 de cada 100 personas presentan rasgos psicopáticos, ‘tóxicos«, afirma Jesús Matos, psicólogo experto en gestión de la tristeza. Y añade: «En las direcciones y esferas medias y altas de las empresas, la cifra sube al 70%». Pero hay algo con lo que ellos no cuentan: todo está estudiado y catalogado y poniendo un poco de atención se les puede desenmascarar.

«Meteculpas, envidiosos, profesionales de la herida… el ‘tóxico’ será capaz, además, de lograr que pensemos que el error es nuestro y no suyo, minando nuestro autoestima», confirma María Ángeles Bastor, psicóloga experta en orientación cognitivo conductual. Estos son los seis rasgos más característicos de una persona «tóxica» y, sobre todo, las técnicas más acertadas para lograr que su aura gris no descargue la lluvia sobre nuestras cabezas.

No dejan de hablar de ellos

Son profundamente egocéntricos. «Normalmente, suelen tener poca consideración por los sentimientos de los demás porque son muy poco empáticos», explica Matos. Su objetivo es instrumentalizar a los demás para obtener su propio beneficio y, por eso, uno de sus rasgos más comunes apunta a que siempre están mirándose el ombligo. Son maestros del «mimimi-yoyoyo».

Le contagian su pesimismo

Aunque a veces lo camuflen. «El perfil de persona ‘tóxica’ es cambiante en cada caso, y no tienen por qué responder a todas las señales», aclara la psicóloga Bastor. No obstante, la actitud pesimista es habitual, «a pesar de que no sea evidente y esté disimulada con una suerte de optimismo vacío», continúa la experta. Al ser también muy duchos en el dominio del lenguaje, sus frases presentarán un presumible buen humor aunque, en el fondo, el poso oscuro quedará patente si se analizan sus palabras al detalle.

Termina dándoles pena

Siempre victimizándose, siempre haciéndose los mártires. Y lo peor: sin hacer nada por cambiar su situación. Compartir conversaciones con ellos supone dejar que asolen nuestro buen humor puesto que, para ellos, todo será horrible. «Pretenderán además que, habiéndonos levantado dolor de cabeza, seamos nosotros los que hagamos su ‘trabajo sucio’, estallando contra una realidad que, si bien a nosotros no nos perturba, termina por hacerlo después de habernos contagiado de su espíritu victimista», explica Bastor.

No le dejan ni a sol ni a sombra

Le quieren para usted, en exclusiva. Son profundamente dependientes y terminan minando sus derechos y su autonomía, secuestrándoles. «Tanto emocional como físicamente, puesto que nos quieren tener siempre a su lado», avanza Matos.

Primero, una llamada; después, un profundo enfado al no atender la segunda, para tratar de convertir esa conversación telefónica diaria en costumbre. «Para cuando queremos darnos cuenta, el ‘tóxico’ nos ha aislado y separado de nuestras rutinas y amistades porque son, además, muy ‘succionadores», confirma el psicólogo.

Minimiza cualquier éxito ajeno

La envidia es otra de las señales. «Al no tener empatía, minimizan y minusvaloran los éxitos de los demás, y también los de su ‘víctima», afirma el experto en gestión de la tristeza Jesús Matos. No saben gestionar sus emociones y carecen de capacidades para actuar de forma saludable, por lo que cualquier rédito logrado por los demás es un factor a abatir.

Jamás sabe por dónde le va a salir

Su estado emocional fluctúa constantemente, buscando que el otro no sepa bien por dónde puede estallar y, de esta forma, procure tenerle siempre contento y satisfecho. «De hecho, ese es el problema: para mantener su estabilidad se le deja hacer, y eso es un boicot al resto, porque nadie se atreve a ponerle límites», sostiene la psicóloga Bastor. Y así terminan por aflorar sentencias tipo «ya sabes cómo es»; frases categóricas que le permiten seguir ejerciendo su papel dominante.

Y ahora, cómo neutralizarlos

«Cuanto más lejos, mejor, aunque es difícil cortar con ellos porque suelen volver para vengarse», adelanta Matos. Al verse apartado, tendrá la necesidad de volcar sobre los demás su frustración, corroborar que usted es el loco, y para ello le seguirán atacando. Por eso, conviene no reaccionar con ira para no ponernos a su altura, no desgastarse pensando en él constantemente, ponerle límites y mantener la distancia.

«También es liberador practicar deporte, para canalizar el enfado al comprobar que estamos siendo manipulados», aconseja la psicóloga Bastor, que anima además a aprender de la experiencia y asumir las pautas para que la situación se repita en el futuro. Que ya está bien, que bastante tiene usted con sujetar su vela como para convertirse también en el palo que sostenga la de los demás.

Merce Roura: Hablar en público. “Desnuda tu alma”.

Fuente: girodeenfoque.com /como-hablar-publico-desnuda-tu-alma-merce-roura/

Autor: Gabriel Aúz

Éste es un post invitado. Merce Roura (@merceroura), periodista y autora del conocido blog La rebelión de las palabras, cambia de registro para hablarnos de lo que más sabe: comunicación, en un registro muy diferente (o no) al que tiene nos acostumbrados a sus lectores. En este artículo muestra su faceta como formadora de técnicas de hablar en público, un aspecto siempre interesante de cara a tu marca personal.

¡Se escribe tanto sobre cómo comunicar! Como si hubiera normas muy concretas, que haberlas las hay, pero ignorando que lo más importante sobre la comunicación es esa parte que nunca podremos aprender en un manual. Eso que saldrá de nosotros y que hará que los demás nos escuchen y nos presten atención. Ese hilo invisible entre las personas que hace que a algunos les escuchemos con la boca abierta y a otros les dediquemos apenas un segundo.

Seamos sinceros, a hablar en público se puede aprender, cierto. Yo misma he impartido cursos y he notado grandes progresos en personas que el primer día venían a verme y me decían que nunca podrían conseguirlo. Les he intentado explicar cómo estructurar su discurso, qué enfatizar ante el auditorio y qué no. Les he hablado de la importancia de la voz porque transmite nuestra personalidad y del lenguaje no verbal, que nos delata siempre. Lo han entendido y asimilado. Sin embargo, cuando veo cómo mejoran, siempre me doy cuenta de que todo lo que les explico es accesorio.

No voy a echar tierra sobre mi trabajo, la verdad, no me malinterpretéis. Creo que es muy útil, muy necesario, pero que lo que realmente les hará hacerse un hueco como comunicadores o mejorar sus perspectivas a la hora de enfrentarse a un auditorio o una entrevista son ellos mismos. Es su coraje, su empatía con el mundo, su autoestima. Mi trabajo consiste en hacerles entender que para comunicar hay que conectar con esa parte de ti mismo que desea compartir, que se muere por mostrarse y tocar a los demás con palabras y gestos, esa parte que te da a conocer como eres y sin artificio. Se trata de una parte de ti que consigue ser feliz mientras se relaciona y consigue trasmitir ese entusiasmo a los demás, eso hace que te escuchen y presten atención a tus palabras.

Cuando hables en público debes sentirte bien, gozar hablando, tener unas ganas inmensas de compartir con las personas que te miran lo que dices. Debes pensar que lo que les explicas es bueno, que les puede ayudar a aprender, conocer, mejorar, que les puede abrir la mente o sencillamente que les será útil para darse cuenta de que no están de acuerdo contigo pero con buenos argumentos argumentos.

Hay personas que me han sido muy útiles para saber lo que busco y otras para saber lo que no. Cuando hables en público debes transmitir la emoción que lo que cuentas suscita en ti. Debes convertirte en tu propio discurso. Tu discurso debe ser una parte de ti mismo.

Para vivir tu mensaje, debes creer en ti y en él. Si no crees, se darán cuenta. No subestimes a tu audiencia nunca. El menos leído de los que te escuchan sabrá si mientes. No habrá consultado nunca un libro de lenguaje no verbal, no le hace falta. Tiene intuición, instinto. La falsedad se nota en cada expresión, se huele porque se transpira. Se percibe porque se instala en la mueca y no te abandona. Cada uno de tus gestos reforzará que mientes si eres falso. Por tanto, o crees en lo que dices, o haces lo posible por creer o lo dejas correr. La base fundamental para comunicar es ser honesto, ser uno mismo. La gran ventaja es que si no mientes también se nota y eso no tiene precio, es tu gran valor, tu patrimonio. Por tanto, al final, me doy cuenta de que mi trabajo al dar clases de hablar en público es un poco el de “comadrona”. Una persona que les acompaña y que les ayuda a sacar a la luz su potencial, pero el trabajo, lo hacen ellos.

A veces cometemos el error de creer que los grandes comunicadores son personas con voz sinuosa, un aspecto impecable, un gran vocabulario… Nada de eso es cierto. Ayuda, mucho, es verdad. Eso redondea al comunicador. Sin embargo, todos hemos conocido a grandes comunicadores con voces quebradas, poco agraciados, sin un vocabulario extenso. ¿Qué les hizo llegar a su público? ¿Eso que se llama carisma? Llegaron a su público porque eran uno con su mensaje, porque sentían cada palabra y supieron transmitir esa emoción a los demás. Porque no tenían miedo a mostrarse y topar con las miradas de su público. La ausencia de miedo es un bálsamo para los que te miran. Deja que entren en ti y hurguen un rato, que noten lo que sientes, que se familiaricen con todas tus muecas y conecten con tu estado de ánimo. Tú decides el grado y la linea que no pueden cruzar. Tú escoges hasta qué punto abres tus puertas y en qué faceta, pero ábrelas. Arriesga y muéstrate. Es la única forma de que ellos se reconozcan en ti y valoren lo que cuentas.

Para seducir no hace falta ser el más guapo. El buen comunicador es un gran seductor, pero un seductor de fondo no de bar. No un encantador de serpientes ni un chulo de playa. Es alguien que seduce porque muestra en cada gesto una parte de si mismo capaz de apasionar. Todos lo tenemos, incluso, vosotros también… Seguro que muchos sabéis cuál es. Hay que perder el miedo a mostrarla. El tiempo corre y cada día que no somos brillantes es un día menos de esplendor. Unas horas que nos alejan de conseguir algo que merecemos. Comunicar bien no es hacer un discurso de académico. No es un discurso florido. Puede serlo si la persona que comunica lo es y la audiencia lo reclama, conviene recordar que siempre tenemos que adaptarnos a las personas para las cuales hablamos.

Comunicar bien es otra cosa. Es hacer un discurso adecuado a quién lo escucha que salga de dentro del orador. Un buen discurso puede consistir en salir a un escenario y decir una palabra. Una sola. O formular una pregunta. Y eso puede impactar tanto a quién nos mira como un emocionante discurso elaborado para acceder a una importante academia ante catedráticos exigentes. Si la palabra es la que necesitaban oír o la pregunta suscita emoción o les remueve por dentro ¿qué más da incluso si podría estar mejor estructurada? Imaginemos que la pronuncia un niño que empieza a leer, alguien que nunca ha podido hablar y emite su primer sonido, un atleta que llega a la meta y apenas puede respirar y dice un “va por ti” refiriéndose a una persona a la que ama… Seguro que a todos eso nos emociona ¿verdad? Porque es auténtico, porque es vivido, porque es honesto y apela a nuestras emociones, apunta directamente a nuestra humanidad. Eso demuestra que el gran orador es el que siente y hace sentir. El que aprieta ese interruptor que llevamos dentro y conecta nuestras conciencias. Porque en realidad el gran comunicador es el que se desnuda ante todos y mantiene la mirada.

Al fin y al cabo, la publicidad, que hace mil años que se dio cuenta de dónde tenemos el interruptor y cómo apretarlo. Nunca vende en el fondo los productos que anuncia, vende estados de ánimo. No vende coches, vende a los triunfadores que los conducen. No vende perfumes, vende la sensualidad que supone ponerse unas gotas de ese elixir preciado en las muñecas o tras las orejas. No vende detergente, vende orden y limpieza, seguridad. La publicidad lleva al extremo las normas de la comunicación y juega a desnudar modelos para hacerte creer que puedes llegar a ser como ellos. Vende ilusión ¿alguien no la compraría?

Nosotros debemos aprender el mecanismo, pero aplicarlo sólo a vender nuestro mensaje, con fines honestos y sólo cuando realmente creamos en lo que decimos. Nunca debemos fingir, debemos creer. Debemos pensar que nuestra audiencia lo merece y nosotros también. Si tratamos de engañarles, lo notarán y, al final, será como si nos engañásemos nosotros mismos.

Primera norma no escrita para llegar a comunicar y hablar en público : estar dispuesto a desnudar tu alma.

«El estrés emocional crónico puede iniciar el proceso de un cáncer»

El doctor Pere Gascón ha demostrado que existe una estrecha relación entre la inflamación, el sistema nervioso y el tumor maligno

Las personas que se hunden durante meses en una depresión a causa de una muerte cercana están en riesgo

Autor: Àngels Gallardo

Martes, 18/07/2017 | Actualizado el 02/03/2018 a las 14:30 CET

El oncólogo Pere Gascón, en el Hospital Clínic, este lunes.  / ALBERT BERTRÁN

 

Pere Gascón (Barcelona, 1949), es uno de los máximos exponentes internacionales en la investigación que vincula sistema nervioso –las neuronas, el cerebro– y cáncer. Ejerce en el servicio de Oncología del Hospital Clínic. Fue su responsable hasta el 2015.

–Usted ha estudiado la relación entre sistema inmunológico y cáncer.
–Soy inmunólogo tumoral y siempre he investigado el microambiente que rodea al tumor: los linfocitos, los macrófagos… con el fin de atacar al cáncer. Por desgracia, hemos visto que cuando un tumor se ha aposentado bien, las células de su microambiente, que son parte del sistema inmunológico, cambian de chaqueta y se ponen de parte del tumor.

–Autoagrede.
–Sí. Los macrófagos, que estaban para defendernos, se pasan al bando del cáncer. Los fibroblastos, que daban consistencia al tejido conectivo, apoyan al tumor, que las compra y lo favorecen. Así en todos los cánceres.

–¿Y en las metástasis? [Diseminación de un cáncer a varios órganos]
–Sabemos que cuando se produce una metástasis existe un nido celular previo que se aprovecha de procesos inflamatorios crónicos asintomáticos, que tenemos en diferentes partes del cuerpo sin saberlo. El cáncer crece en núcleos inflamatorios.

–¿Siempre?
-Si. Esto es muy importante. El cáncer siempre surge de un proceso inflamatorio, y crece más en ese ambiente. Es su microambiente.

–¿Un ejemplo?
–Fácil: ¿qué hace el tabaco? Causa una inflamación crónica en los pulmones. Fumas e irritas constantemente los bronquios. Eso es un campo abonado –no todos los fumadores lo sufrirán– para que una célula cancerosa anide allí. Para que se produzca una mutación.

–¿Qué ocurre en una inflamación?
–Las células del propio tejido inflamado se van multiplicando, con intención de repararlo, hasta que hay un error. La inflamación indica que hay células activadas por un virus, el tabaco, asbestos… No hablo de la inflamación que surge cuando te tuerces un tobillo. Esa no es cancerosa.

–¿La solución del cáncer vendrá del propio sistema inmunológico?
–Es uno de los futuros más actuales. Se han identificado las células que impedían actuar al sistema inmunológico que debe defendernos. Esto es una revolución de hace cinco años. Hay fármacos específicos para tratar metástasis por melanoma, cáncer de riñón, y otros. Esas personas, antes morían en pocas semanas y ahora están viviendo hasta cinco años.

«La línea inmunológica puede ser la respuesta al cáncer en la primera mitad del siglo XXI»

–¿Es la línea definitiva anticáncer?
–Con el cáncer nunca existirá una línea definitiva. La línea inmunológica, combinada con otras, puede ser la respuesta al cáncer en la primera mitad del siglo XXI. Pero la célula cancerosa se las sabe todas. Se hace resistente. Yo ya no estoy ahí.

–¿Y en qué está usted?
–En el desarrollo de algo que identifiqué hace 20 años, cuando trabajaba en EEUU. Descubrí que células del cáncer de mama tenían un receptor [enlace] que es un neurotransmisor [mensajero químico entre neuronas]. Yo siempre he tenido la neurología en la cabeza, y la he estudiado muchísimo. Entonces pensé: si un producto de las neuronas libera una sustancia que se une a un receptor de la célula cancerosa, eso significa que existe una comunicación entre sistema nervioso y cáncer.

–¿Lo confirmó?
–Si. Un investigador de Sevilla, Miguel Muñoz, siguió mis publicaciones y demostró que prácticamente en todas las células cancerosas que él estudió existía aquél receptor neuronal que yo encontré. Lo detectó en tumores de colon, próstata, pulmón, cerebro y leucemias.

–¿Y qué ocurrió?
–Vimos que esos cánceres también tienen receptores de otro neurotransmisor, la adrenalina. Luego, si en las células cancerosas existen receptores de neurotransmisores, eso significa que el sistema nervioso está dialogando con el cáncer. Y ahora viene lo fuerte.

–Adelante.
–Últimamente, hemos demostrado  que el sistema nervioso, en general, propicia el crecimiento del cáncer, forma parte de la tumorogénesis, es decir, de la formación y el crecimiento del tumor. Varios investigadores de EEUU han aludido a esa relación en sus publicaciones.

–¿Adónde lleva todo esto?
–Hace 20 años que voy detrás de demostrar que existe una conexión entre el sistema nervioso y el cáncer. Y es lógico, porque el sistema nervioso nos regula el rítmo cardiaco, la respiración, el intestino. Todo. La sustancia que yo he estudiado es un neurotransmisor inflamatorio: he observado la conexión entre inflamación, cáncer y sistema nervioso.

–¿Esto relaciona al cáncer con los choques emocionales fuertes?
–Por ahí puede ir la cosa. Pero, yo he dicho por activa y por pasiva que las emociones no causan cáncer. El cáncer es consecuencia de un proceso lento, y el organismo tiene una capacidad de regeneración brutal. No es fácil generarlo. Surge de la rotura de muchos sistemas corporales.

«Hay personas de 50 y pocos años que pierden el trabajo y año y medio después les surge un cáncer»

–De múltiples coincidencias.
–Si. Cada vez tenemos más evidencias de que cuando una persona sufre estrés crónico, de meses –por la muerte de una persona que te rompe la vida o la pérdida de un hijo–esas emociones conducen a un estrés en el que se liberan citoquinas inflamatorias, sustancias que crean un ambiente proinflamatorio del que no se es consciente. Esto lo hemos visto en personas de 50 y pocos años que pierden el trabajo y año y medio después les surge un cáncer.

–¿Si ese parado encuentra otro empleo el proceso maligno se detiene?
–Imposible saberlo. Si el estrés emocional ha durado muchos meses, es posible que el proceso canceroso ya vaya por libre. Lo importante es la cronificación del conflicto.

–¿El sistema nervioso potencia las defensas inmunológicas?
–Claro. Cuando el sistema nervioso está equilibrado, las defensas están óptimas. Esto se ha demostrado. Un buen sistema nervioso que permite dormir bien, estar equilibrado y hacer ejercicio físico potencia el sistema de defensas. Y a la inversa, sabemos que los estados estresantes, deprimentes y crónicos, son estados proinflamatorios.

–Riesgo de cáncer.
–Lo que causa el cáncer no es la emoción, sino el proceso que conduce a un ambiente celular inflamatorio, que es esa situación personal negativa. El estrés emocional crónico puede poner en marcha el proceso que inicia un cáncer.

–¿Qué tipo de estrés es maligno?
–El contínuo, que va ligado a una depresión e impide dormir. Puede tener su origen en el trabajo o en una vida familiar infernal.

–¿El control mental de cada persona en esas circunstancias límite es determinante? Si.El control mental de cada cual es determinante. Se suma a su predisposición genética.

66 días para cambiar un hábito

Las transformaciones exigen tiempo. El cerebro se reorganiza constantemente si tenemos interés en hacerlo; solo hay que dejar espacio al proceso.

POR PATRICIA HAMIREZ. Fuente: El País semanal

Cambiar de hábitos está al alcance de todos. Para ello necesita dos ingredientes importan­tes: elegir un cambio que sea coherente con su escala de valores, y entrenarlo hasta que se convierta en un hábito. Poco más.

Va nada es «obligatoriamente» para siem­pre, ni siquiera lo que eligió como afición> pro­fesión o lugar de residencia. La idea de que podernos ser quien deseemos, practicar nue­vos deportes, aprender otras culturas, probar todas las gastronomías, tener otros círculos de amigos…, convierte una vida estanca en otra rica en oportunidades y variedad.

El cerebro es plástico. Las personas evo­lucionamos, deseamos cambiar, crecer inte­riormente, y estarnos capacitadas para ello. Atrás quedaron las teorías sobre la muerte de neuronas y los procesos cognitivos degenera­tivos. Hoy sabemos que las neuronas generan nuevas conexiones que permiten estar apren­diendo hasta el día que morimos. La plastici­dad cerebral ha demostrado que el cerebro es una esponja, moldeable, y que continua­mente vamos reconfigurando nuestro mapa cerebral. Lo dijo William James, uno de los padres de la psicología, en 1890, y todos los

 

neuropsicólogos hoy día confirman las mis­mas teorías.

El propio interés por querer cambiar de hábitos, la actitud y motivación, asi como sa­lir de la zona confortable, invitan al cerebro a una reorganización constante. Este proceso está presente siempre en las personas, desde el nacimiento hasta la muerte.

En esta sociedad impaciente, basada en la cultura de «lo quiero todo ya y sin esfuerzo», cambiar de hábitos se ha convertido en un su­plicio. No porque sea difícil, sino porque no le damos el espacio suficiente para convertirlo en hábito. ¿No le ha ocurrido alguna vez que al iniciar una dieta, las primeras semanas son más difíciles de encauzar que cuando lleva ya una temporada? Se debe a este proceso. Al principio su cerebro le recuerda lo que tiene automatizado, la costumbre de picotear, co­mer dulce o no practicar ejercicio, hasta que se «educa» y termina adquiriendo las nuevas reglas y formas de comportarse con la comida.

A lo largo de toda la vida

«Todo hombre puede ser, si seto propone, escultor de su propio cerebro»

SANTIAGO RAMÓN Y CAJA L

La neurogénesis es el proceso por el que se generan nuevas neuronas. Una de las activi­dades que retrasan el envejecimiento del ce­rebro es la actividad física. Sí, no solo debe practicar ejercicio por los beneficios emocio­nales como el bienestar y la reducción de la ansiedad, o por verse más atractivo y fuerte, sino porque su cerebro se mantendrá joven durante más tiempo. Un estudio del doctor Kwok Fai-so, de la Universidad de Hong Kong, correlacionó el running con la neurogénesis. El ejercicio ayuda a la división de células ma­dres, que son las que dan lugar a la aparición de nuevas células nerviosas.

Existen otras prácticas como la medita­ción, el tipo de alimentación o la actividad sexual que también favorecen la creación de nuevas células nerviosas.

Dado que la reorganización cerebral se estimula a lo largo de toda la vida, no hay una sola etapa de las personas en la que no poda­mos aprender algo nuevo. La edad de jubila­ción no marea un declive, ni cumplir 40 o SO años debería ser deprimente. Todo aquel que tenga interés y actitud en algo está de enho­rabuena, podrá aprender, entrenar y conver­tirse en experto independientemente de la edad. Si usted es de esas personas que se han dedicado durante su vida a una profesión de la que h an vivido medianamente bien, pero se

 

quedaron con la miel en los labios por no es­tudiar Antropología, Historia, Exactas, Bellas Artes, lo que sea, puede empezar ahora. No hay límite de edad ni de tiempo para el saber.

No deje que su edad le limite cuando su cerebro está preparado para todo. La mente está constantemente renovándose gracias a la plasticidad neuronal.

Convenir un objetivo en automático «Somos lo que repetidamente hacemos.

De esta forma, la excelencia no es un hecho aislado, sino unhdbiw»

ARISTÓTELES

Hasta hace poco se pensaba que modificar y automatizar un hábito requería 21 días. ¡De­masiado optimismo! Un estudio reciente de Jane Wardle, del University College de Lon­dres, publicado en European „kiwi:al of Social Psychology, afirma que para convertir un nue­vo objetivo o actividad en algo automático, de tal forma que no tengamos que tirar de fuerza de voluntad, necesitamos 66 días.

Sinceramente, ¿qué más da que sean 21 o 66! Lo interesante es que somos capaces de aprender, entrenar y modificar lo que elija­mos y deseemos. El número de días es relati­vo. Depende de factores como la insistencia, perseverancia, habilidades, de las variables psicológicas de la personalidad y del interés. El cambio ronda en torno a los dos meses y pico. ¿Qué son das meses en el ciclo de nues­tra vida? Nada. Se necesita ese tiempo para ser capaces de dar el cambio que deseamos. Y esto nos hace libres y poderosos.

Diez consejos para empezar con lo que desee:

  1. Elija su propósíto y conviértalo en su pro­ Seguro que, si confecciona una lista, se darácuenta de que tiene muchas inquietudes. Pero no podemos cambiar o embarcarnos en todo a la vez. Olvide su cerebro multitarea y no quiera modificar todo de golpe. Cuando con­siga automatizar el primero, pase al segundo.
  2. Reflexione sobre su nieta. Si contesta a las siguientes preguntas en relación a su obje­tivo, su compromiso con él aumentará: ¿qué quiero?, ¿por qué?, ¿para qué? y ¿con qué? El «con qué» hace referencia a sus fortalezas, va­lores y actitud para lograrlo. Cuando se en­frenta a algo nuevo, y dado que eso supone sali r de la zona confortable, es recomendable tener la seguridad y la confianza de que está preparado, que tiene capacidad y que va a po­der lograrlo. Aunque sea difícil.
  3. Hágale hueco. Sea lo que sea lo que de­sea aprender o iniciar, necesita tiempo. Si no le busca un espacio en su agenda y lo convierte en rutina, lo normal es que termine postergan­do lo que ahora no forma parte de su vida.
  4. Resáltelo. Todo aquello que no forma parte de nuestro orden habitual es fácil olvidar.­ Si tiene una agenda, márquelo con fos­forito. Si utiliza la alarma del móvil, póngase una diaria con el nuevo objetivo. No abuse de su memoria o del «debería acordarme».
  5. Rodéese de todo lo necesario, así no ten­drá excusa para no empezar. Por ejemplo, si está a dieta, compre los alimentos del régi­men; si empieza a hacer deporte, busque la ropa que va a ponerse, o si se inicia en la foto­grafía, prepare el material.
  6. Empiece hoy. No hay ningún estudio con rigor científico en el que se relacione el lunes o el primero de enero exclusivamente con el comienzo de un nuevo hábito. El mar­tes o el jueves son tan buenos días como cual­quier otro. Retrasar todo para el lunes es otra manera de postergar y de dejar que la pereza venza a su fuerza de voluntad. El mejor día para iniciar algo es hoy.
  7. Emociónese. Las emociones avivan el recuerdo, le producen bienestar, y estar apa­sionado con lo que se hace fideliza el hábito. Busque cómo se siente, lo que va a conseguir, cómo mejorará su vida personal o profesional. Disfrute y esté presente.
  8. No escuche a la voz interna que le dice que está cansado, que qué sentido tiene y que la vida tiene cuatro días y son para disfrutar­ Nuestro cerebro está muy entrenado para buscar excusas y seguir en la zona confortable. Esa voz interior es muy pesada y puede llegar a ser muy convincente.
  9. Sea disciplinado. Tómese en serio su hábito.­ Tomarlo en serio no significa que se pon­ga serio, sino que sea una prioridad para usted, algo a lo que dedicarle su valioso tiempo. Y que ocupe un lugar especial en su agenda.
  10. Convierta su nuevo hábito en su filoso-14i de vida. Esto le dará otra dimensión y cal­ma. No se trata de aprender algo ya, sino de que lo disfrute y sepa que tiene toda la vida para practicarlo. Si, por ejemplo, ha decidido empezar con la actividad física, no se sienta mal si un día falla. Tiene mañana, pasado y toda la vida para hacerlo. No se trata de lla­mar a la culpabilidad. Esa emoción no arregla nada. Solo hay que ser disciplinado y tener serenidad. Si de verdad es algo importante, mañana volverá a la carga. No es todo o nada. Se trata de incorporar algo bueno para cada uno y encajarlo en la vida para disfrutarla, no para que sea un sufrimiento más en el caso de no poder cumplirlo un día ti

¿Qué es re-encontrarse?

Cuando un problema, una insatisfacción, cualquier aspecto duro y nudoso que se haya enquistado en nuestra personalidad, se verbaliza y se transmite a la persona adecuada, ese problema comienza a hacerse cada vez más pequeño.

Todo lo que nos guardamos dentro se engrandece, se enquista, se hace más difícil de resolver, por eso si alguien es capaz de entendernos y extraerlo adecuadamente, ese momento será el principio del fin del problema, de la dificultad, de la insatisfacción, de la infelicidad.

Quizá una de las mayores limitaciones que podemos sufrir las personas en nuestra vida sea la de haber perdido la esencia de lo que somos, nuestra autenticidad. Dicho de otro modo es el hecho de haber modificado nuestra personalidad (comportamientos y libertad de ser), reprimiendo lo que verdaderamente somos y adoptando una actitud ante el mundo distorsionada, alterada, adulterada.

Nacemos con una combinación genética determinada (es el hardware de nuestra personalidad) pero los fenotipos (que son la expresión del genotipo en función del ambiente, del entorno) se van conformando en función de la educación paterna, la relación con los hermanos, los amigos, los primeros años de colegio, algunos familiares o amigos de nuestros padres; todo ello conforma el software del que nos vamos a quedar impregnados y que va a condicionar nuestra existencia.

Si hay afectos sanos, ausencia de chantaje emocional, educación en el ejemplo, corrección adecuada de comportamientos y una sana sensación de pertenencia al entorno familiar, muy probablemente nuestros cimientos estén bien asentados y no presenten problemas significativos. Pero muchas, demasiadas, personas se ven afectadas por un entorno tóxico, dañino, frustrante, castrante o carente de emociones y afectos y eso condiciona que no puedan acceder a un mínimo de satisfacción vital que todos merecemos, sin duda.

Esas circunstancias de vida a las que me refiero han trastocado nuestro verdadero yo convirtiéndolo en un “no-yo”, que paulatinamente fue siendo alterado hasta llegar al momento presente desde hace treinta, cuarenta o sesenta años. Todas ellas han ido conformando una madeja, un nudo gordiano, que no sólo es muy difícil de soltar, sino que es más difícil aún de entender que lo tenemos, que lo padecemos y que existe solución para poder remedarlo. Esa madeja de emociones encontradas, de sinsabores, de abusos, de vejaciones, de dolor, de miedos, de fantasmas del pasado, de violencia, de agresividad física o verbal, de ausencia de afectos o de complejos, impide que seamos plenos y que podamos acceder a una felicidad razonable.

¿Qué es re-encontrarse?

Pero ante ello existe la posibilidad de re-encontrarnos, de ser capaces de llegar a conocer lo que realmente somos, no lo que nos han obligado a ser; de volver hacia atrás para, desde ese autoconocimiento, ser capaces de entender los porqués de nuestro comportamiento dañado y corregir, desde el entendimiento de nosotros mismos, todo lo que podemos llegar a cambiar y sanar en vida. Para ello, en el 99% de los casos, necesitamos ayuda, orientación, una guía que nos permita realizar ese viaje de auto-descubrimiento y que, gracias a él, lleguemos a resolver todas esas limitaciones, empezando por comprenderlas y por entender que fuimos objeto de un entorno del que no tuvimos ni culpa ni responsabilidad. Además, en muchos casos, esa responsabilidad, sobre todo de padres, vino propiciada por una herencia que ellos mismos también recibieron y de la que no se pudieron librar, padeciéndolo igual que nosotros mismos.

Ese reencuentro con lo que debiéramos haber sido y no se nos fue permitido es muy satisfactorio, pero requiere un esfuerzo, además de la ayuda externa. El esfuerzo consiste en querer, de modo efectivo e indudable, requiere salir de la zona de confort de dulce amargor que nos envuelve y nos condiciona para no querer ver la solución a nuestros problemas. Llevamos tanto tiempo arrastrando la cadena y la bola fantasmal que creemos que no seremos capaces de vivir sin ellas. En muchos casos confundimos las circunstancias de padres y/o hermanos con la culpa y como no nos permitimos culparles de nuestras miserias, impedimos la recuperación, cuando en realidad no hay nadie culpable. Lo único que hay es un problema y una solución posible, eso es todo lo que hay.