Depresión vital

Hasta las últimas décadas en la historia de la Humanidad, el ser humano sólo ha tenido un objetivo y es el de la supervivencia. Esto supone sobrevivir en un entorno hostil y en el que para postergarnos teníamos que comer, defendernos, protegernos y, en muchos casos, ganar a otros para poder consolidar nuestras opciones de existir. En nuestra Historia reciente, sólo a partir de los años 80 del siglo pasado, los padres han sido padres nutritivos, proveían de los valores más escasos y que ellos mismos habían sufrido: Alimento, vestido y cobijo. Pero, a partir de ese momento, las necesidades emocionales, una vez satisfechas las vitales, comenzaron a mostrarse más y más determinantes para un concepto que, hasta hace muy pocos años, sólo fue contemplado por filósofos y escritores: La felicidad.

Todo indica que la evolución humana nos va a permitir consolidar la cobertura de esas necesidades básicas, mientras que la satisfacción personal, el equilibrio entre lo que somos y lo que quisiéramos ser, se va a convertir en un bien preciado. La felicidad es, en este momento, el objetivo primario de cualquier ser humano en el mundo occidental, es ya una necesidad vital para muchas personas y su ausencia, la carencia de ese equilibrio emocional tan valioso, entra de lleno en la que ya es la segunda causa de mortalidad (directa e indirecta) en los países de nuestro entorno: La depresión.

La depresión puede ser todo menos un fracaso de vida; más bien es la necesidad de un reseteo para reiniciar un nuevo modo de afrontar la vida.

Quien se deprime ni es un cobarde, ni tiene por qué avergonzarse de ello, lo único que debe hacer es tratar de buscar, por todos los medios a su alcance, el modo de volver a recuperar la normalidad para disfrutar de una vida razonable y satisfactoria.

Una vez diagnosticada la depresión por un especialista, el primer paso consiste en encontrar las causas ¿Qué nos ha llevado hasta esa situación (hasta donde nosotros mismos sepamos)? Conocer las causas y conocernos a nosotros mismos es imprescindible para poder seguir avanzando. A continuación debemos tratar de no negar la mayor: Tenemos una depresión y, acto seguido, debemos decirnos: «y voy a solucionarlo». Hay que afrontar el problema, no enfrentarse a él; en este segundo caso, acabaremos desgastándonos. Si precisamos de ayuda química, de fármacos, pues así nos lo han diagnosticado, así deberemos hacerlo y estaremos tratando los síntomas para llegar al último eslabón. Ese último escaño consiste en empezar a resolver las causas que han provocado nuestra situación afrontando hechos, personas, circunstancias, lastres del pasado y cualquier limitación que haya permitido que el monstruo de la depresión haya pretendido devorarnos. En estos tiempos deberemos ser valientes, decididos, dejándonos ayudar por quien más confianza nos inspire en nuestra capacidad para resolver y salir adelante. Tomaremos la decisión, sabremos que no va a ser fácil, que requiere un camino, un recorrido costoso en tiempo y en esfuerzo, pero que lo conseguiremos pues mientras hay vida hay esperanza. Necesitamos esa guía, ese apoyo para sacar fuerzas de la flaqueza que nos ha debilitado; las circunstancias de la vida nos han cegado y precisamos de un lazarillo que nos guíe, que marque el territorio seguro por el que debemos empezar a movernos, hasta que las fuerzas vengan a nuestras emociones y sentimientos y seamos capaces de caminar de nuevo viendo todo lo bueno que la vida nos ofrece a cada paso del camino.

Hace doscientos años las prestaciones de servicios a la comunidad que más personas requerían eran las relacionadas con la comida y el vestido, necesitábamos que otras personas nos proveyeran de esas materias tan necesarias. Hoy, y cada día más, los servicios más necesarios van a ser los que nos ayuden a encauzar esas materias inasibles que nos proporcionen paz emocional y satisfacción personal. Vivimos en sociedad porque nos necesitamos unos a otros y la depresión, como tantos males que afectan a nuestra existencia emocional, se puede trabajar, se puede encontrar la raíz física o conductual que la propicia y atajarla. Es imprescindible acudir a un profesional que pueda, no sólo paliar sus efectos, sino resolver sus causas y conseguir ese ansiado equilibrio que todos deseamos. Psiquiatras, psicólogos y terapeutas son las fuentes en las que poder saciar estas carencias para vivir, en lugar de sobrevivir.

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