«El estrés emocional crónico puede iniciar el proceso de un cáncer»

El doctor Pere Gascón ha demostrado que existe una estrecha relación entre la inflamación, el sistema nervioso y el tumor maligno

Las personas que se hunden durante meses en una depresión a causa de una muerte cercana están en riesgo

Autor: Àngels Gallardo

Martes, 18/07/2017 | Actualizado el 02/03/2018 a las 14:30 CET

El oncólogo Pere Gascón, en el Hospital Clínic, este lunes.  / ALBERT BERTRÁN

 

Pere Gascón (Barcelona, 1949), es uno de los máximos exponentes internacionales en la investigación que vincula sistema nervioso –las neuronas, el cerebro– y cáncer. Ejerce en el servicio de Oncología del Hospital Clínic. Fue su responsable hasta el 2015.

–Usted ha estudiado la relación entre sistema inmunológico y cáncer.
–Soy inmunólogo tumoral y siempre he investigado el microambiente que rodea al tumor: los linfocitos, los macrófagos… con el fin de atacar al cáncer. Por desgracia, hemos visto que cuando un tumor se ha aposentado bien, las células de su microambiente, que son parte del sistema inmunológico, cambian de chaqueta y se ponen de parte del tumor.

–Autoagrede.
–Sí. Los macrófagos, que estaban para defendernos, se pasan al bando del cáncer. Los fibroblastos, que daban consistencia al tejido conectivo, apoyan al tumor, que las compra y lo favorecen. Así en todos los cánceres.

–¿Y en las metástasis? [Diseminación de un cáncer a varios órganos]
–Sabemos que cuando se produce una metástasis existe un nido celular previo que se aprovecha de procesos inflamatorios crónicos asintomáticos, que tenemos en diferentes partes del cuerpo sin saberlo. El cáncer crece en núcleos inflamatorios.

–¿Siempre?
-Si. Esto es muy importante. El cáncer siempre surge de un proceso inflamatorio, y crece más en ese ambiente. Es su microambiente.

–¿Un ejemplo?
–Fácil: ¿qué hace el tabaco? Causa una inflamación crónica en los pulmones. Fumas e irritas constantemente los bronquios. Eso es un campo abonado –no todos los fumadores lo sufrirán– para que una célula cancerosa anide allí. Para que se produzca una mutación.

–¿Qué ocurre en una inflamación?
–Las células del propio tejido inflamado se van multiplicando, con intención de repararlo, hasta que hay un error. La inflamación indica que hay células activadas por un virus, el tabaco, asbestos… No hablo de la inflamación que surge cuando te tuerces un tobillo. Esa no es cancerosa.

–¿La solución del cáncer vendrá del propio sistema inmunológico?
–Es uno de los futuros más actuales. Se han identificado las células que impedían actuar al sistema inmunológico que debe defendernos. Esto es una revolución de hace cinco años. Hay fármacos específicos para tratar metástasis por melanoma, cáncer de riñón, y otros. Esas personas, antes morían en pocas semanas y ahora están viviendo hasta cinco años.

«La línea inmunológica puede ser la respuesta al cáncer en la primera mitad del siglo XXI»

–¿Es la línea definitiva anticáncer?
–Con el cáncer nunca existirá una línea definitiva. La línea inmunológica, combinada con otras, puede ser la respuesta al cáncer en la primera mitad del siglo XXI. Pero la célula cancerosa se las sabe todas. Se hace resistente. Yo ya no estoy ahí.

–¿Y en qué está usted?
–En el desarrollo de algo que identifiqué hace 20 años, cuando trabajaba en EEUU. Descubrí que células del cáncer de mama tenían un receptor [enlace] que es un neurotransmisor [mensajero químico entre neuronas]. Yo siempre he tenido la neurología en la cabeza, y la he estudiado muchísimo. Entonces pensé: si un producto de las neuronas libera una sustancia que se une a un receptor de la célula cancerosa, eso significa que existe una comunicación entre sistema nervioso y cáncer.

–¿Lo confirmó?
–Si. Un investigador de Sevilla, Miguel Muñoz, siguió mis publicaciones y demostró que prácticamente en todas las células cancerosas que él estudió existía aquél receptor neuronal que yo encontré. Lo detectó en tumores de colon, próstata, pulmón, cerebro y leucemias.

–¿Y qué ocurrió?
–Vimos que esos cánceres también tienen receptores de otro neurotransmisor, la adrenalina. Luego, si en las células cancerosas existen receptores de neurotransmisores, eso significa que el sistema nervioso está dialogando con el cáncer. Y ahora viene lo fuerte.

–Adelante.
–Últimamente, hemos demostrado  que el sistema nervioso, en general, propicia el crecimiento del cáncer, forma parte de la tumorogénesis, es decir, de la formación y el crecimiento del tumor. Varios investigadores de EEUU han aludido a esa relación en sus publicaciones.

–¿Adónde lleva todo esto?
–Hace 20 años que voy detrás de demostrar que existe una conexión entre el sistema nervioso y el cáncer. Y es lógico, porque el sistema nervioso nos regula el rítmo cardiaco, la respiración, el intestino. Todo. La sustancia que yo he estudiado es un neurotransmisor inflamatorio: he observado la conexión entre inflamación, cáncer y sistema nervioso.

–¿Esto relaciona al cáncer con los choques emocionales fuertes?
–Por ahí puede ir la cosa. Pero, yo he dicho por activa y por pasiva que las emociones no causan cáncer. El cáncer es consecuencia de un proceso lento, y el organismo tiene una capacidad de regeneración brutal. No es fácil generarlo. Surge de la rotura de muchos sistemas corporales.

«Hay personas de 50 y pocos años que pierden el trabajo y año y medio después les surge un cáncer»

–De múltiples coincidencias.
–Si. Cada vez tenemos más evidencias de que cuando una persona sufre estrés crónico, de meses –por la muerte de una persona que te rompe la vida o la pérdida de un hijo–esas emociones conducen a un estrés en el que se liberan citoquinas inflamatorias, sustancias que crean un ambiente proinflamatorio del que no se es consciente. Esto lo hemos visto en personas de 50 y pocos años que pierden el trabajo y año y medio después les surge un cáncer.

–¿Si ese parado encuentra otro empleo el proceso maligno se detiene?
–Imposible saberlo. Si el estrés emocional ha durado muchos meses, es posible que el proceso canceroso ya vaya por libre. Lo importante es la cronificación del conflicto.

–¿El sistema nervioso potencia las defensas inmunológicas?
–Claro. Cuando el sistema nervioso está equilibrado, las defensas están óptimas. Esto se ha demostrado. Un buen sistema nervioso que permite dormir bien, estar equilibrado y hacer ejercicio físico potencia el sistema de defensas. Y a la inversa, sabemos que los estados estresantes, deprimentes y crónicos, son estados proinflamatorios.

–Riesgo de cáncer.
–Lo que causa el cáncer no es la emoción, sino el proceso que conduce a un ambiente celular inflamatorio, que es esa situación personal negativa. El estrés emocional crónico puede poner en marcha el proceso que inicia un cáncer.

–¿Qué tipo de estrés es maligno?
–El contínuo, que va ligado a una depresión e impide dormir. Puede tener su origen en el trabajo o en una vida familiar infernal.

–¿El control mental de cada persona en esas circunstancias límite es determinante? Si.El control mental de cada cual es determinante. Se suma a su predisposición genética.

La mayor epidemia laboral

El estrés crónico es más habitual de lo que se cree y afecta tanto a la salud del trabajador como a su productividad

Autor: Ramón Oliver

Sudoración, palpitaciones, tem­blores, taquicardia, mareo, náu­seas, molestias estomacales, se­quedad bucal, dolor de cabeza, intranquilidad motora… Si tiene alguno de estos síntomas tal vez sufra estrés. Según datos del Ins­tituto Nacional de Estadística (INE), la ansiedad o la depresión afectan al 14,6 % de la población adulta española. Un problema que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha calificado como «epidemia global» y que en­cuentra en los entornos labora­les su caldo de cultivo. Diversos estudios indican que el estrés es ya la segunda causa de los pro­blemas de salud relacionados con el trabajo. Patologías como depresiones, dolencias cardiacas, alteraciones cardiovasculares, lesiones musculares, problemas isquémicos o dermatológicos pueden tener su origen o verse agravadas por culpa del estrés.

En 1956 el fisiólogo y médico austrohúngaro Hans Selye tomó prestado el término de la física y la mecánica —donde la tensión (stress, en inglés) mide la resis­tencia de los materiales— para denominar un cuadro clínico que él definió como «la respues­ta general del organismo ante cualquier estímulo o situación estresante». Una definición que ya sugiere que este fenómeno no tiene por qué ser necesariamen­te nocivo. «El estrés es un meca­nismo que nos mantiene alerta

y nos estimula psicológicamente para enfrentarnos a los proble­mas. Aumenta la creatividad, nos impulsa a tomar la iniciativa y a que respondamos eficientemen­te ante situaciones cotidianas», aclara Ana Ávila, directora de Se­guridad, Salud y Bienestar de Ma­hou San Miguel. De hecho, añade Pilar Jericó, presidenta de Be-Up, «un punto de estrés en nuestra vida es saludable porque mantie­ne alta la atención y aumenta la productividad. Nos da esa «vidilla» tan útil, por ejemplo, cuando hay que hablar en público o trabaja­mos con plazos ajustados».

¿Cómo funciona este mecanis­mo? «Ante un estímulo externo nuestro organismo reacciona de dos maneras posibles: huida o defensa. Los problemas llegan cuando las demandas del estrés superan el umbral de lo que es­tamos preparados para afrontar», explica Antonio Iniesta, presi­dente saliente de la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo (AEEMT) y coordinador de la Guía Sobre el Manejo del Estrés desde Medi­cina del Trabajo, publicada este mismo año. El estrés se convierte entonces en un asesino silencioso que paraliza al profesional. Anto­nio Gutiérrez, coach de salud de TISOC Coaching, recuerda que «una mayor auto exigencia en el trabajo o la presión excesiva de los directivos provoca un aumen­to de la tensión psicoemocional». Se produce entonces un desbor­damiento emocional en la perso­na, cansancio mental y ansiedad.

DETONANTES DE CRISIS Las relaciones humanas y las fricciones del día a día son una de las principales fuentes de esta afección. Un correo electrónico o una llamada telefónica pue­den ser el detonante de una cri­sis. ¿Cómo se combate? «Por un lado, aprendiendo a gestionar los pensamientos generadores de an­siedad y reeducando los patrones de conducta, y, por otro, identificando los factores desencadenan-tes», resume Antonio Gutiérrez. Inteligencia emocional, empatía, asertividad y una comunicación fluida formarían parte de esa receta básica anti estrés, ya que, insiste este experto, «el trabajo se gestiona mejor si se gestionan adecuadamente la emociones y los pensamientos».

Los compañeros y jefes tó­xicos también son un peligroso acelerador de esta dolencia. «El estrés es contagioso», señala Pi­lar Jericó. Por esta razón, esta especialista recomienda elegir cuidadosamente las conversa­ciones en las que se participa en el trabajo. «Si nuestros compa­ñeros son de los que se pasan la hora de la comida quejándose de lo mal que va todo, más vale cambiarse de mesa o comer so­los». El sentido del humor es otro eficaz antídoto. «Ante situaciones de muchos nervios, una broma puede ayudar a rebajar la ten­sión», continúa.

TENER EMPLEADOS ESTRESADOS SIGNIFICA DUPLICAR LOS DÍAS DE BAJA DE LA PLANTILLA

Por su tipo de actividad, existen algunos colectivos más proclives a padecer estrés labo­ral.. Profesores de secundaria o personal sanitario entrarían en esta categoría. También aque­llas profesiones que trabajan de cara al publico o las considera­das peligrosas como bomberos o policías, si bien, puntualiza el doctor Iniesta, éstas últimas «gestionan mejor sus niveles de estrés gracias a la actividad físi­ca que despliegan». Por categoría profesional, los mandos interme­dios son un grupo especialmente vulnerable debido a que «sufren, por un lado, la presión de sus superiores y, por otro, las quejas de sus subordinados», agrega. En cuanto a la edad, «las personas mayores tienen más experiencia y llevan mejor el estrés puntual. En cambio, son más propensas a sufrir el síndrome de burnout (quemado). Mientras que con los jóvenes sucede lo contrario: soportan peor los picos de ansie­dad, pero son más resistentes en el largo plazo».

LA ANSIEDAD O LA DEPRESIÓN AFECTAN AL 14,6 % DE LA POBLACIÓN ADULTA ESPAÑOLA

Pero si el estrés es devastador para la salud de las personas, también puede poner en serios aprietos a las empresas. «Tener empleados estresados significa duplicar los días de baja de la plantilla», alerta José María Gar­cía, director de Capital Humano y Beneficios de Willis Towers Watson. Y no se trata únicamen­te de los síntomas físicos; a nivel emocional el trabajador también se ve seriamente afectado, lo que se traducen en una merma en su rendimiento. «Se modifica el esta­do de ánimo y el comportamien­to. Incrementa la inseguridad y las dificultades para concentrar­se o tomar decisiones», indica Yo-landa Erboru, directora ejecutiva de Comunicación y RSC de Fun­dación Sanitas.

Con el objetivo de frenar el es­trés de sus empleados, cada vez más empresas ponen en marcha los llamados programas de bien­estar o wellness, que persiguen fomentar una cultura de hábitos saludables dentro de la compa­ñía. «Se trata de crear entornos agradables para el trabajo y que posibiliten una gestión inteligen­te del estrés para así evitar la ne­cesidad de un tratamiento mé­dico», comenta Yolanda Erburu. Fomentar el ejercicio físico mo­derado forma parte de esta labor de sensibilización. Porque, asegu­ra José María García, «hay una relación directa entre el bienes­tar físico y la productividad. Los empleados que practican una ac­tividad física de forma habitual tienen mayor resistencia y están más capacitados para gestionar situaciones de estrés laboral».

Empleos bajo presión

Sus elementos de trabajo son aviones de cientos de toneladas de peso, que se mueven a velo­cidades superiores a los 900 ki­lómetros por hora y en los que viajan centenares de personas. Por eso no es de extrañar que controlador aéreo sea una de las profesiones sometidas a más estrés. «Tenemos que to­mar continuamente decisio­nes con muy poco tiempo de reflexión y las consecuencias de un error pueden ser catas­tróficas para la vida humana», argumenta Fernando Marián de Diego, vocal técnico de la Asociación Profesional de Con­troladores de Tránsito Aéreo (Aprocta).

El descanso es la principal he­rramienta de la que dispone el controlador para evitar la fatiga mental. Las normas de aviación civil estipulan pausas por cada dos horas trabajadas.

Además, las cabinas de control están diseñadas para no aña­dir elementos estresantes adi­cionales. Ausencia de ruido, una luz adecuada o una tempe­ratura agradable son factores que se cuidan al máximo para que «todos los recursos men­tales y energía del controlador los dedique al trabajo», prosi­gue Marián. Aun así, no todos aguantan la presión y algunos lo dejan. «La responsabilidad agota. Aprendes a convivir con ella, pero nunca te abandona del todo».